Introducción

¿Sabías que las emociones tienen una enorme repercusión en la vista y en la visión? ¿Y que es posible mejorar los problemas de la vista liberando emociones que han quedado estancadas, dejando huella en tu cuerpo?

Este artículo es un resumen de partes seleccionadas de la entrevista sobre visión y emociones de la Dra. Ainhoa de Federico en Mindalia, con comentarios y referencias añadidos. La propia conferencia se ofrece al completo en formato de vídeo al final de este detallado resumen.

Primeros trabajos científicos sobre visión y emociones

El Dr. Charles Kelley fue el primer investigador que produjo una investigación científica, en concreto una tesis doctoral, sobre la relación precisa que hay entre diferentes síntomas de la vista y emociones no digeridas o integradas. Este trabajo fundamentó su obra relacionada con las emociones y la visión.

Charles Kelley, investigador pionero en emociones y visión

El propio Charles Kelley había mejorado su visión gracias a Margaret Darst-Corbett, discípula directa y predilecta del Dr. William Bates, un prestigioso médico oftalmólogo estadounidense a quien también debemos el descubrimiento de las propiedades de la adrenalina para la cirugía. La obra del Dr. Bates, conocida como el Método Bates, data de los años 1920.

La teoría del Método Bates se basa en que la mayoría de los problemas de la vista se deben a un exceso de tensión en los músculos de los ojos responsables del enfoque que rodean el globo ocular. Esto viene a complementar la teoría de Herman von Helmholtz sobre la función de los músculos ciliares para cambiar la forma del cristalino para el enfoque.

William Bates, pionero de la visión natural

Kelley conocía también la tesis sobre corazas corporales de Wilhelm Reich, psicoanalista heterodoxo, que sostiene que cuando vivimos emociones que no terminamos de procesar, estas se almacenan en el cuerpo a modo de tensión muscular.

Entonces decidió combinar las dos teorías y buscar si existía una relación entre tensiones emocionales específicas y síntomas de la vista específicos. Así surgió su tesis doctoral en la Universidad de Columbia, en la New School of Social Research en el año 1958, la cual fue destacada con el premio a la mejor tesis doctoral de la Universidad de Columbia.

Universidad de Columbia, Nueva York

Apareció en prestigiosas revistas de optometría, de oftalmología y de psicología, en el New York Times y en la revista Time Magazine, Kelley fue entrevistado en la radio en Nueva York, en California… pero no llegó a generar ningún cambio en la cultura de los optómetras y oftalmólogos, para quienes esta nueva vía suponía un radical cambio de paradigma.

Basándonos en los descubrimientos de Kelley y otras investigaciones posteriores, vamos a analizar las emociones relacionadas con los tres problemas de la vista más comunes: la miopía, la presbicia o vista cansada y el astigmatismo.

Miopía y emociones

Cuando una persona experimenta miopía, ve bien de cerca pero no de lejos. En términos emocionales y metafóricos, se está alejando de un mundo que le parece amenazador y busca una estrategia de protección.

A partir del momento en que desarrollamos la miopía, empezamos a mirar el futuro con inseguridad. Nos volvemos prevenidos, precavidos y previsores, hacemos todo antes de tiempo y dedicamos una gran cantidad de actividad mental a intentar controlar qué es lo que va a pasar y decidir qué haremos si se producen muchos supuestos diferentes.

La miopía suele aparecer a edades tempranas, cuando las personas todavía no tienen una personalidad muy construida ni la confianza de que pueden atravesar todo tipo de situaciones. Es muy común que la miopía esté relacionada con el nacimiento de un hermano, disputas conyugales o divorcio, mudanza a otra ciudad, el inicio de las clases o cambios de ciclo escolar. También surge con frecuencia en la pubertad, con las cuestiones hormonales y las políticas de la atracción.

La miopía siempre aparece asociada con un momento estresante en nuestra vida que hemos vivido con inseguridad y con miedo, y que deja una especie de filtro por el que vemos la vida con inseguridad a partir de ahí. Ese filtro es el factor que hay que soltar para poder mejorar la miopía.

Presbicia y emociones

Con la presbicia o vista cansada, sucede lo contrario. Vemos bien de lejos, pero ya no de cerca. Estamos dispersando nuestra energía y enviándola a los demás sin dejar nada para nosotros. La mirada de una persona que experimenta presbicia es una mirada que se queda en el pasado y que lo ve con nostalgia, enojo o culpa, y entonces considera que ahora la vida ya no es tan interesante. Pierde la sensación de ser protagonista de su propia vida y se enfoca en los demás.

Para las personas que tienen presbicia es importante dejar de entregar su energía a todos los demás que ahora ven como los nuevos protagonistas, sean hijos, nietos, la pareja, los padres o las personas desfavorecidas. El antídoto de la presbicia es el egoísmo positivo: ponernos en el centro de nuestra vida y que lo que quede de nuestra vida sea lo mejor. Se trata de hacer los ajustes necesarios para que la vida vuelva a ser interesante en el presente y en el futuro.

Astigmatismo y emociones

En cuanto al astigmatismo, en términos emocionales, lo que hay detrás es una profunda sensación de confusión. Aparece a partir del momento en que la persona deja de ser auténtica y empieza a funcionar de una manera que complazca a los demás o que corresponda a lo que se espera de ella, a los cánones o a las expectativas. Traiciona sus valores verdaderos y se ve a sí misma de forma distorsionada. Esta distorsión también se expresa en su vista.

El antídoto contra el astigmatismo es ser auténticos, preguntarnos constantemente “¿esto es lo que yo realmente quiero, lo que realmente siento, lo que realmente pienso?”, y comunicarnos y actuar en la vida en resonancia con nuestra autenticidad.

Investigación sobre visión y emociones de la Dra. Ainhoa de Federico

En la Universidad de Toulouse, la Dra. Ainhoa de Federico llevó a cabo una investigación sobre la etiología psicosocial de los problemas de la vista o sus causas emocionales y sociales.

La Dra. Ainhoa de Federico llevó a cabo un estudio universitario sobre visión y emociones

En esta investigación se preguntó a 450 personas qué estaba pasando en su vida cuando empezó el primer síntoma de la vista. Se trataba de una pregunta abierta, sin pautas de respuesta sugeridas, y el 82 % de las personas mencionó algún acontecimiento estresante.

Del 18 % restante, algunos dijeron que no ocurrió nada en particular, pero aún así mencionaron sucesos como la muerte de un ser querido, un divorcio, una mudanza a otro país o períodos de depresión o estrés; es decir, que buena parte de las personas que no asociaban el inicio del problema de la vista con una situación de tensión mostraron que objetivamente esta sí existió.

Cómo mejorar la visión cuando no se halla una causa emocional

Para las personas que no recuerdan qué sucedió, o cuando la causa ha sido un cúmulo de emociones diferentes, también es posible liberar las emociones con los ejercicios de movilización de los ojos que forman parte de nuestro método de visión natural. El movimiento de los ojos es muy eficaz para ello y existen técnicas que lo utilizan como técnica para resolver traumas, como la terapia EMDR que la misma OMS recomienda:

Además, ante los afectados por el trastorno de estrés postraumático, debe considerarse la posibilidad de derivarlos para que reciban tratamiento avanzado, como por ejemplo terapia cognitivo-conductual o una nueva técnica conocida como desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares (EMDR). Estas técnicas ayudan a las personas a atenuar los recuerdos vívidos, reiterados y no deseados de eventos traumáticos. Se recomienda una mayor capacitación y supervisión para ampliar las posibilidades de acceso a esos métodos.

https://www.who.int/mediacentre/news/releases/2013/trauma_mental_health_20130806/es/

Preguntas frecuentes relacionadas a visión y emociones

Cuando se expone que la mayor parte de los problemas de la vista se deben a emociones no liberadas, suelen surgir ciertas preguntas que trataremos a continuación.

¿Los problemas de la vista no son genéticos?

¿El origen son de los problemas de la vista son las emociones o la genética? La ciencia ha demostrado que la genética no es determinista, y el hecho de que haya una predisposición genética a un síntoma no significa que este vaya a desarrollarse obligatoriamente. Los genes son un sistema de interruptores que se pueden activar o no en función de las situaciones, los hábitos y las emociones.

El avance de la miopía en Asia en los últimos años ilustra esta realidad: de una generación a otra, en países como Japón, China o Singapur, se ha pasado en una sola generación de un 50 a más de un 90 % de personas con miopía. Cuando los cambios en la salud de una población son puramente debidos a la genética, las variaciones son mucho menores, del orden de un 2 %. Esto indica que la miopía es más bien una consecuencia de hábitos, costumbres y modos de vida.

En las familias se suelen heredar formas de ver el mundo, actitudes, comportamientos y emociones, y es más bien este aspecto el que explica que algunos síntomas de la visión pasen de una generación a otra. Por el lado positivo, esto también significa que es posible corregir esos síntomas al cambiar determinadas actitudes, comportamientos o emociones.

Los síntomas congénitos

En cuanto a las personas que ya nacen con algún problema visual, podemos preguntarnos qué estaba pasando en la vida de la madre durante el periodo de gestación. Cuando la madre embarazada está sometida a tensión, el bebé lo percibe, reacciona fisiológicamente y emocionalmente, y puede nacer ya con un síntoma asociado. En caso de problemas de la vista congénitos, la vía de la liberación de emociones también resulta eficaz.

La cirugía sin liberación emocional no es una solución definitiva

El Departamento de Oftalmología de la Universidad de Helsinki publicó una investigación que mostraba que el 58 % de las personas que se operan recaen tiempo después en el síntoma por el que se habían operado.

Si entendemos que el desarrollo del síntoma físico en la vista es una adaptación del organismo ante una tensión emocional, podemos deducir que si no liberamos esa tensión emocional, volverá a desarrollarse el mismo síntoma.

Para resolver el problema de fondo, en algún momento será necesario abordar lo que sucede emocionalmente y hacer el trabajo de liberar esas emociones para poder ver claro.

Vídeo de la entrevista sobre problemas de la vista y emociones

Aquí tienes la grabación de la entrevista que ha servido de base para este artículo. El artículo y el vídeo se complementan y te darán una excelente visión de conjunto para abordar las emociones en tu camino hacia volver a ver claro.

Conclusión

Te lanzamos una invitación a analizar tu propia historia: qué estaba pasando en tu vida cuando empezó el problema de la vista, y cuál podría ser la emoción generada por ese problema y no resuelta; y a partir de ese punto:

  • La simple toma de conciencia de esta emoción no procesada ya es un paso hacia adelante y te orienta hacia la liberación.
  • Puedes hacer introspección y ver si hay elementos que ajustar en tu vida y en tu conciencia para resolver estas cuestiones.
  • Cuando te quitas las gafas, estás liberando los ojos y dándoles la posibilidad de moverse libremente. Si a esto le añades los ejercicios oculares de la visión natural, la propia movilización de los ojos te ayudará a liberar esas emociones.
  • Existen también varias formas específicas de abordar las emociones incrustadas en el cuerpo, las cuales tratamos con profundidad en el curso completo Volver a Ver Claro. También analizamos este aspecto en nuestro curso gratuito Despierta tu Visión. Si deseas participar en nuestro próximo curso gratuito, puedes apuntarte por aquí.

Todas estas herramientas son eficaces para mejorar los problemas de la vista que has experimentado hasta ahora.

¡Disfruta y ánimo con la puesta en práctica!

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